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El oro está más caro que nunca en términos del poder adquisitivo del trabajo. Según un análisis compartido por The Kobeissi Letter, hoy se necesitan 116 horas de trabajo en Estados Unidos para comprar una onza de oro, la cifra más alta en al menos un siglo.

El metal precioso cerró recientemente cerca de $4.225, mientras que el salario promedio por hora se ubica en $36,50, marcando una brecha histórica entre el valor del oro y los ingresos.

Una proporción que se duplicó en 18 meses

El indicador, que mide cuántas horas de trabajo promedio se requieren para adquirir una onza de oro, se duplicó en apenas año y medio. En los años 30, 1980 y 2011 -otras épocas de tensión financiera- esa relación alcanzó picos cercanos a las 80 horas. Ahora, con 116 horas, el oro se ha vuelto más inaccesible que nunca.

A comienzos del siglo XXI, bastaban menos de 20 horas de trabajo para comprar una onza. El contraste muestra cómo el rally del oro ha superado ampliamente el crecimiento de los salarios en las últimas dos décadas.

El refugio que se aleja del ciudadano común

La tendencia refleja un fenómeno curioso: el activo refugio por excelencia está dejando de ser accesible para el trabajador promedio. Mientras el oro rompe récords, los ingresos crecen lentamente, reduciendo la capacidad de ahorro real. En términos prácticos, el trabajo «vale» menos oro que nunca.

Este desequilibrio puede interpretarse como una señal de desconfianza en la economía global: inflación persistente, devaluación de monedas y aumento de la demanda institucional de metales preciosos como cobertura.

Un síntoma del nuevo ciclo macroeconómico

El oro no solo sube por el miedo, sino por la estructura del sistema financiero actual: deuda récord, tasas reales negativas y la búsqueda de refugio fuera del dólar. El hecho de que el ratio trabajo/oro supere los picos de las últimas crisis sugiere que los desequilibrios macro están llegando a niveles históricos.

La pregunta ya no es cuánto vale el oro, sino cuánto vale el trabajo frente al oro.

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