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El economista Peter Howitt, uno de los recientes ganadores del Premio Nobel de Economía, lanzó una advertencia contundente sobre los riesgos que implica el avance acelerado de la inteligencia artificial.

Aunque reconoció su enorme potencial para transformar la productividad y el crecimiento económico global, advirtió que sin una regulación adecuada esta revolución tecnológica podría profundizar la desigualdad, desplazar empleos y generar desequilibrios sociales de gran alcance.

Peter Howitt y su visión sobre la IA y la destrucción creativa

Durante una conferencia transmitida por la Universidad de Brown, Howitt explicó que la IA representa una innovación de magnitud comparable a la electricidad o las telecomunicaciones. Sin embargo, recordó que las grandes transformaciones tecnológicas del pasado también provocaron efectos sociales adversos.

Basándose en la teoría de la «destrucción creativa», señaló que las tecnologías emergentes no solo crean nuevas oportunidades, sino que también desplazan industrias, profesiones y regiones enteras que no logran adaptarse.

Destacó además que el impacto de la IA no será homogéneo. Los países con mayor infraestructura digital y capital humano especializado serán los principales beneficiarios, mientras que las economías en desarrollo podrían quedar rezagadas si no invierten en educación tecnológica y políticas de adaptación laboral.

También advirtió que los trabajadores con menor acceso a capacitación o habilidades técnicas corren el riesgo de ser excluidos de los nuevos modelos productivos impulsados por la automatización y el aprendizaje automático.

Los desafíos regulatorios de la nueva economía digital

Para Howitt, el principal reto no está en frenar el desarrollo de la IA, sino en diseñar políticas que equilibren la innovación con la protección social. Subrayó la necesidad de establecer marcos regulatorios que garanticen transparencia en el uso de algoritmos, responsabilidad de las empresas tecnológicas y prevención de sesgos o discriminación en los sistemas de decisión automatizados.

Además, resaltó la urgencia de implementar programas de formación y reconversión laboral que permitan a los trabajadores adaptarse a los nuevos entornos económicos.

Según el Nobel de Economía, si las instituciones no actúan con rapidez, la IA podría ampliar las brechas de riqueza y consolidar un modelo en el que los beneficios de la automatización se concentren en manos de unos pocos actores globales.

Una oportunidad que exige responsabilidad

El mensaje de Howitt busca promover la reflexión más que el alarmismo. A su juicio, la IA puede convertirse en una fuerza positiva capaz de impulsar el bienestar, siempre que se gestione con responsabilidad y previsión.

Asimismo, insistió en que los gobiernos y las empresas deben anticiparse a los impactos estructurales de esta tecnología, integrando medidas de seguridad económica y ética antes de que los efectos sociales sean irreversibles. En consecuencia, la verdadera cuestión no es si la IA transformará la economía, sino cómo se gestionará esa transformación, puntualizó Howitt.

Si el mundo logra orientar la innovación hacia un desarrollo inclusivo y sostenible, la inteligencia artificial podría marcar una nueva era de prosperidad global. Pero si se ignoran sus riesgos, podría también desencadenar una profunda fractura social y económica.

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