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El oro alcanzó un nuevo récord histórico al superar los 4.000 dólares por onza recientemente.
Este salto refleja un clima global marcado por tensiones comerciales, incertidumbre económica y decisiones de política monetaria que impulsan la búsqueda de refugios seguros.
El anuncio que cambió el rumbo del mercado
El detonante llegó tras el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre aranceles del 100 % a las importaciones chinas a partir del 1 de noviembre. Mensaje aparecido al cierre de Wall Street el viernes pasado, 10 de octubre.
Según explicó el mandatario, China mantiene una «postura comercial extremadamente hostil» al restringir la exportación de tierras raras. Pekín respondió con nuevas limitaciones a sus exportaciones estratégicas, lo que elevó la tensión entre ambas potencias y disparó la demanda de oro.

En las horas posteriores, la Casa Blanca trató de suavizar el mensaje. Tanto Trump como el vicepresidente estadounidense aclararon que la medida busca presionar un diálogo, no dañar el crecimiento chino. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: los mercados se movieron hacia los activos refugio, y el oro lideró la reacción.
Factores que impulsan el precio del oro
El nuevo máximo histórico del oro no depende solo de los aranceles. Existen otros factores de peso que fortalecen su tendencia alcista y que deberíamos tener muy en cuenta.
En primer lugar, los bancos centrales de Asia y países con tensiones frente a Estados Unidos están sustituyendo reservas en dólares por oro. Este movimiento se interpreta como una señal de desconfianza hacia la estabilidad del billete verde.
Además, la debilidad del dólar se ha acentuado. La Reserva Federal mantiene un tono prudente y el mercado anticipa recortes de tasas. La persistente inflación en EE. UU. y el cierre parcial del gobierno aumentan las dudas sobre la solidez económica. Por su parte, el Banco Central Europeo mantiene las tasas «en niveles adecuados», lo que refuerza al euro frente al dólar y apoya el avance del metal.
Un contexto de creciente tensión geopolítica
La incertidumbre global no se limita al frente comercial.
Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio elevan el riesgo político y fomentan la compra de oro como activo seguro. Este escenario ha impulsado tanto a inversores institucionales como minoristas a buscar cobertura ante posibles choques financieros.
La combinación de inflación, dólar débil y tensiones internacionales forma un cóctel perfecto para sostener precios elevados del metal. Cada declaración de Washington o Pekín mueve el mercado, y la volatilidad aumenta con cada giro diplomático: por lo que habrá que estar muy atentos a nuevos mensajes de los mandatarios para percatarnos a tiempo de grandes caídas en bolsa y criptomonedas, como las que vimos durante la última jornada de Wall Street.
Proyecciones para el corto y medio plazo
Los analistas prevén que el oro mantenga niveles cercanos o superiores a los 4.000 dólares mientras persista la incertidumbre.
Las compras masivas de bancos centrales y fondos cotizados (ETF) seguirán siendo un soporte clave. Sin embargo, algunos expertos advierten sobre una posible fase de consolidación si el precio entra en sobrecompra técnica.
El rango de resistencias se sitúa entre 4.050 y 4.080 dólares, con un soporte relevante en la zona de 3.900 a 3.950. Si la Reserva Federal sigue recortando tasas, el objetivo podría alcanzar, o incluso superar, los 4.150 dólares.
Conclusión: refugio en tiempos de tensión
El oro vuelve a demostrar su papel histórico como activo refugio en periodos de crisis.
Su comportamiento reciente refleja el miedo a un deterioro comercial entre Estados Unidos y China, así como la fragilidad del entorno económico global.
En palabras simples, la búsqueda de seguridad domina los mercados. Mientras los bancos centrales y los inversores sigan confiando en el metal como resguardo frente a la inflación y la inestabilidad, el oro mantendrá su brillo.
En un mundo en tensión, el valor del oro parece más sólido que nunca: y a la vista está en su cotización. Su futuro dependerá directamente de la evolución del conflicto comercial, las decisiones de la Fed y la capacidad de los gobiernos para contener la incertidumbre.

















