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El mercado aún no se recupera del golpe. Lo que ocurrió este viernes con Bitcoin no fue una simple corrección: fue una sacudida que dejó a medio ecosistema tratando de entender cómo, en cuestión de horas, el entusiasmo se transformó en pánico. Una jornada tan surrealista que solo puede resumirse con una pregunta: ¿Qué pasó ayer?

En la gráfica se puede observar con claridad la fuerte perdida de capitalización de mercado en el viernes caótico. Fuente: CoinMarketCap

El viernes en que todo tembló

Bitcoin arrancó la sesión con fuerza, tocando un máximo de $122.500, pero el impulso duró poco. En pocas horas, la criptomoneda líder se desplomó hasta los $102.000, en uno de los movimientos más abruptos del año. Al cierre del día logró estabilizarse cerca de los $113.000, pero la huella emocional quedó marcada.

La explicación inmediata vino desde la Casa Blanca: Donald Trump anunció un arancel del 100% a las importaciones chinas, provocando un efecto dominó que golpeó acciones, bonos y criptomonedas por igual.

A ese contexto se sumó la tensión política interna, con el gobierno estadounidense cerrado desde el 1 de octubre, un factor que refuerza la sensación de parálisis e incertidumbre institucional en plena tormenta económica.

Lo paradójico es que apenas unos días antes, el lunes, Bitcoin celebraba un nuevo máximo histórico de $126.200. En menos de una semana, pasó de la euforia absoluta a la resaca total.

La jugada invisible

Mientras muchos veían un colapso, otros lo interpretaron como lo que realmente fue: una limpieza quirúrgica del mercado.

Los grandes jugadores aprovecharon el ruido para barrer posiciones, liquidar excesos y comprar a precios de descuento. Nada nuevo bajo el sol financiero: lo mismo ocurría en los parqués de Nueva York hace un siglo, solo que ahora sucede en la blockchain.

El viernes no fue una tragedia, fue una redistribución. Una coreografía calculada que separa a los que reaccionan del pánico de los que esperan el rebote. Porque si algo enseña la historia de Bitcoin, es que después de cada resaca… siempre llega otro máximo histórico.

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