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El 4 de diciembre de 1921, el New York Tribune sorprendió a sus lectores con un titular inusual: «Ford reemplazaría el oro con una moneda de energía y detendría las guerras».
En esa nota, Henry Ford, fundador de Ford Motor Company, lanzó una idea visionaria: sustituir el patrón oro por una nueva forma de dinero respaldado en la energía y la riqueza natural. Un concepto que, más de un siglo después, resuena con fuerza al observar el nacimiento y expansión de Bitcoin.

La propuesta de Ford: una moneda energética contra los banqueros
Ford había viajado junto a Thomas Edison a Florence, Alabama, para inspeccionar la planta de nitrato de Muscle Shoals. Allí declaró que el oro mantenía al mundo bajo el control de banqueros internacionales, quienes «fomentan, inician y libran guerras» en beneficio propio. Su alternativa era radical: una moneda basada en la energía, emitida en función de la capacidad de producción y de los recursos naturales.
El magnate de la industria automotriz creía que un sistema monetario ligado a la energía podría frenar los intereses especulativos y ofrecer una base más justa y estable para el comercio global. En su visión, las guerras dejarían de ser «transacciones de dinero en gran escala» y se abriría el camino hacia un nuevo orden económico.
Bitcoin como la realización de esa visión
Ciento tres años después, Bitcoin se ha convertido en lo más parecido a aquella «moneda energética» imaginada por Ford. Su funcionamiento descansa en la prueba de trabajo (Proof of Work): una red descentralizada de mineros que emplean energía real para validar transacciones y emitir nuevas unidades.
A diferencia del oro, que Ford señalaba como rehén de los banqueros, Bitcoin no depende de intermediarios ni de gobiernos. Está asegurado por la energía invertida en resolver complejos algoritmos criptográficos y protegido por la transparencia de la blockchain.
La minería convierte electricidad en dinero digital, replicando en la práctica el principio que Ford quiso proponer: la energía como respaldo del valor.
¿Una profecía cumplida?
Si bien Ford no pudo concretar su idea en 1921, su planteo puede verse como una anticipación histórica de los debates actuales. Hoy, Bitcoin no solo cuestiona el papel de las monedas fiat y el oro como reservas de valor, sino que también abre un nuevo paradigma donde la energía y la criptografía son el núcleo de la confianza.
En retrospectiva, su advertencia de que los banqueros usarían el oro como arma geopolítica sigue vigente. La diferencia es que Bitcoin ofrece a individuos y naciones una alternativa que Ford apenas pudo esbozar en palabras.
Conclusión
Más que una curiosidad histórica, la propuesta de Henry Ford demuestra que la búsqueda de un dinero independiente y basado en energía no es nueva. La diferencia es que, 103 años después, Bitcoin existe y crece como la primera moneda que cumple con esa promesa.
La pregunta que Ford dejó abierta en 1921 vuelve a interpelarnos hoy: ¿será esta la base de un nuevo sistema financiero global?

















