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Generalmente, los bonos de las principales economías mantienen cierta correlación con el precio del oro. Sin embargo, en los últimos días se observa un comportamiento atípico: los inversores liquidan deuda mientras el oro continúa al alza. Esto deja dos conclusiones a la vista.

La primera es que el oro sigue imponiéndose como la mejor reserva de valor. Esto está estrechamente ligado a la incertidumbre en las principales economías, que provoca una marcada volatilidad en el mercado de deuda. Tanto los bonos del Tesoro como los soberanos de Japón, Francia y otros países exhiben rendimientos inéditos en años.

Esa volatilidad reduce el atractivo de la deuda y empuja a los inversores hacia el oro. De allí se desprende la segunda conclusión: la liquidación de bonos a corto plazo podría preparar el terreno para un repunte de la demanda en los instrumentos a largo plazo.

Si este escenario se materializa, la fuerte subida del oro registrada en las últimas jornadas podría frenarse. Al mismo tiempo, grandes capitales podrían orientarse hacia bonos del Tesoro a 30 años, según expertos citados por CNBC.

No obstante, la raíz de este fenómeno es la incertidumbre política que pesa sobre los principales mercados. Estados Unidos es el caso más evidente por el carácter explosivo de Trump y las tensiones con las tarifas, pero no es el único. En Japón, por ejemplo, persiste gran preocupación por los excesos fiscales, apuntan analistas en el mismo medio.

El precio del oro no sufre por incertidumbre política

A diferencia de los bonos, el oro no se ve afectado directamente por decisiones políticas, lo que lo convierte en una cobertura ideal en tiempos de inestabilidad. Recientemente, las expectativas de un recorte de tipos impulsaron con fuerza las cotizaciones del metal dorado en los mercados de futuros.

En ese marco, el oro alcanzó máximos históricos de 3.578 dólares por onza el pasado miércoles. Mientras tanto, aunque los bonos suelen ser considerados una cobertura, sus riesgos estructurales reducen el apetito de los inversores, incluso en los de largo plazo.

El problema de la deuda insostenible es cada vez más evidente: muchos países enfrentan niveles crecientes de endeudamiento que ponen en duda su capacidad de pago a mediano y largo plazo. Esto genera desconfianza en las inversiones a largo plazo, empujando a los capitales hacia bonos de vencimiento más corto. Estos, sin embargo, tampoco ofrecen garantías plenas.

En este contexto, los flujos se concentran en el oro como activo seguro, lo que explica la reciente escalada de su precio. Curiosamente, esa necesidad de resguardo no se replicó en Bitcoin. Aunque sus defensores lo consideran una reserva de valor superior al metal dorado, la criptomoneda continúa atrapada en un clima de pesimismo.

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