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Hubo un tiempo en que Internet era un terreno salvaje, libre y abierto. Un espacio donde las ideas fluían sin permisos, donde el anonimato era un derecho y la descentralización un principio. Pero ese tiempo se acabó. Lo que usas hoy no es Internet: es una versión empaquetada, monitoreada y anestesiada. Es un parque temático disfrazado de red global. Internet murió, y nadie te lo dijo.

Las grandes plataformas se convirtieron en guardianes del acceso, intermediarios disfrazados de anfitriones. Ya no descubrís contenido: te lo sirven, dosificado, filtrado, moldeado por algoritmos que priorizan retención y polarización.

El feed reemplazó al foro, el like a la conversación, y el scroll infinito a la exploración. La ilusión de libertad se sostiene con personalización, pero detrás hay una jaula construida con tus datos.

Del acceso libre al jardín cercado

La Web ya no es un lugar, es un puñado de centros de control que lo registran todo: tus clics, tus pausas, tus silencios… y no solo los tuyos, sino los de todos. La verdadera red no es la que ves, sino la que no ves: una trama donde empresas, gobiernos e inteligencias artificiales observan, clasifican y predicen. No lo hacen por seguridad, sino por negocio, por dominio, por poder

Las cookies son migas que dejamos creyendo que no pasa nada, pero con suficientes migas se puede reconstruir todo el pan. Tu identidad digital ya no te pertenece: es propiedad compartida entre servidores que jamás viste, en países que nunca elegiste, bajo leyes que no fueron hechas para protegerte. El derecho al olvido es una ilusión; nada desaparece, todo se replica, se dispersa, se archiva para siempre.

Mientras miras memes, ellos escriben tu historia. Mientras compartís un reel, ellos reescriben tu perfil. Mientras confías en la nube, ellos afinan el modelo que te predecirá mañana.

Y cuando todo esto colapse, te dirán que era inevitable. Que la tecnología solo siguió su curso. Que fuiste vos quien eligió cada paso, cada clic, cada entrega. Pero no fue elección, fue diseño.

Pero no elegiste. Solo tocaste «Aceptar todo».

Internet murió cuando dejó de ser un territorio y se convirtió en una infraestructura. Cuando el protocolo dio paso a la plataforma. Cuando las redes sociales desplazaron a los blogs. Cuando ya no navegas: solo estás logueado.

Y en esa ilusión persistes, creyendo que sigues conectado, cuando en realidad estás atrapado.

–Nodeor

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