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El pacto incluye la reanudación de exportaciones de tierras raras desde China y la reducción temporal de aranceles por parte de Washington, en un gesto pragmático que busca proteger las cadenas de suministro globales.
EE.UU. y China dan un paso hacia la distensión económica
Tras las conversaciones de alto nivel celebradas en Londres los días 9 y 10 de junio, Estados Unidos y China han consensuado un marco preliminar de normalización económica, que ya cuenta con la aprobación política de ambas capitales.
Este entendimiento se enfoca en la reanudación, por parte de Pekín, de las exportaciones de tierras raras y otros productos controlados, mientras que Washington reducirá ciertas restricciones comerciales e inversiones impuestas en los últimos años.
El acuerdo es fruto de meses de contactos informales y sigue a una llamada telefónica entre los presidentes Xi Jinping y Donald Trump el 5 de junio. En ella, ambos coincidieron en la necesidad de evitar un nuevo ciclo de confrontación comercial.
Tierras raras: el núcleo estratégico del pacto
Las tierras raras son esenciales para sectores clave de la economía estadounidense, que van desde vehículos eléctricos y semiconductores hasta aplicaciones de defensa.
China refina cerca del 80% del suministro mundial, y la reciente paralización de exportaciones había generado cuellos de botella y sobrecostes en la industria estadounidense.
Con el nuevo marco, se espera que se alivien estas presiones, se reduzca la inflación derivada de las disrupciones en la cadena de suministro y se garantice el acceso a insumos críticos.
Al mismo tiempo, China recuperará el acceso a componentes de fabricación avanzada restringidos por Washington, lo que refleja la profunda interdependencia entre ambas potencias.
Japón, otro gran importador de tierras raras, también se beneficia indirectamente del acuerdo, ya que la estabilidad del suministro es clave para sus industrias automotriz y electrónica.
Reducción temporal de aranceles y plazos políticos
El acuerdo entre EE.UU. y China llega antes de un momento clave: el 9 de julio, fecha en la que expiraba una exención temporal de aranceles anunciada por Trump bajo el esquema «Liberation Day». De no haberse alcanzado un entendimiento, los aranceles habrían escalado hasta el 50%, según lo previsto.
Con el pacto provisional, Estados Unidos reducirá estos aranceles al 10% durante 90 días, dando así espacio para negociaciones adicionales. Sin embargo, este respiro es frágil: si no se consolida un acuerdo definitivo, las medidas podrían reactivarse en un futuro.
Costes económicos de volver a la confrontación
El impacto de una nueva guerra comercial sería notable. En el pico del último ciclo de escalada, las tarifas estadounidenses sobre productos chinos llegaron al 145% y Pekín respondió con aranceles de hasta el 125%.
Estas medidas elevaron los costes para fabricantes y consumidores, y provocaron que el déficit comercial de EE.UU. con China alcanzara 396.000 millones de dólares en 2024.
Instituciones como la OCDE, el Banco Mundial y el FMI redujeron sus previsiones de crecimiento global debido a la incertidumbre, demostrando que los efectos pueden trascender más allá del comercio bilateral.
Una señal para los mercados y los socios globales
La reacción de los mercados ha sido inmediata: el S&P 500 subió hasta un récord de 6.173 puntos a finales de junio, impulsado por expectativas de desescalada.
Además, el acuerdo envía un mensaje a otras regiones -Europa, el sudeste asiático y Latinoamérica- de que la diplomacia y la cooperación pueden reemplazar la confrontación.

















