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Los bancos más grandes de Estados Unidos no están lanzando stablecoins por amor a la descentralización ni por competir con Circle. Lo hacen porque detrás de cada moneda estable emitida hay una operación financiera encubierta: movilizar hasta 6,8 billones de dólares hacia la compra de bonos del Tesoro, sin necesidad de una nueva ronda de flexibilización cuantitativa (QE) de la Fed.

El análisis de Arthur Hayes es contundente: esta emisión masiva de monedas estables no es una casualidad ni una moda tecnológica. Es el corazón de una política monetaria alternativa que traslada el control de la liquidez del sistema desde la Reserva Federal al Departamento del Tesoro y los bancos «demasiado grandes para quebrar» (TBTF).

Al emitir una stablecoin, los bancos TBTF desbloquearán hasta USD 6,8 billones en poder de compra de T-bills… Estos depósitos inertes podrán reapalancarse dentro del sistema fiduciario para inflar los mercados.

Arthur Hayes

Liquidez sin pasar por la Fed

Mientras la Fed se muestra limitada por la inflación para volver a imprimir dinero abiertamente, el Tesoro encontró otra forma de inyectar liquidez: permitir que los bancos emitan monedas estables, conviertan los depósitos tradicionales en criptoactivos bancarios y redirijan ese capital hacia letras del Tesoro a corto plazo.

La clave está en las letras (T-bills): instrumentos de bajo riesgo, rendimiento atractivo y duración casi nula. Los bancos pueden comprarlas con el respaldo de los depósitos digitales en stablecoins como JPMD (la stablecoin de JPMorgan sobre la red Base), sin necesidad de aumentar capital regulatorio ni exponerse al riesgo de duración como en 2022–2023.

Los bancos comprarán T-bills porque son, efectivamente, instrumentos similares al efectivo, de duración cero y alto rendimiento.

Arthur Hayes

¿Qué significa esto para el mercado cripto?

Más allá de las implicancias macroeconómicas, este esquema tiene consecuencias directas sobre Bitcoin y otros activos escasos. Aunque no sea una expansión monetaria formal, esta «bazuca de liquidez» -como la llama Hayes- tendrá efectos similares al QE: más capital fluyendo, más presión sobre activos de oferta limitada y un potencial impulso para las valuaciones.

La diferencia es que ahora no se imprime dinero directamente, se monetiza deuda bajo un envoltorio cripto. Los bancos obtienen margen, el Tesoro financia el déficit, los mercados se sostienen, y el inversor desprevenido cree que todo esto es parte de una transformación digital inevitable.

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