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El gobierno de Japón proyecta superar su máximo histórico de ingresos fiscales. Impulsado, principalmente, por beneficios empresariales e inflación, mientras evalúa cómo equilibrar gasto e incentivos sin desestabilizar las cuentas públicas.

Japón estima conseguir un récord histórico en ingresos fiscales

Según informó Reuters, Japón prevé cerrar el año fiscal 2024 (que finaliza en marzo) con ingresos fiscales estimados en 75,2 billones de yenes, equivalentes a unos USD 522.500 millones.

Esta cifra no solo representaría un nuevo récord, sino que también puede suponer el quinto incremento anual consecutivo, superando la anterior marca de 72 billones de yenes, registrada en 2023. Y, situándose unos 1,8 billones por encima de la estimación oficial presentada por el gobierno en noviembre.

Este posible incremento responde a varios factores combinados: beneficios empresariales robustos -especialmente en sectores exportadores y tecnología, el impacto de la inflación que eleva el importe de las bases imponibles y una política fiscal que no ha recortado tasas pese a las demandas de ciertos sectores.

Un momento políticamente sensible

Esta nueva estimación de un máximo histórico en recaudación llega justo cuando el gobierno afronta la recta final hacia las elecciones parciales del 20 de julio, en las que se renovará parte de la cámara alta.

La administración del primer ministro, Shigeru Ishiba, ha recibido presión desde dentro de su propio partido para aprobar medidas que alivien el impacto de la inflación sobre los hogares. Entre ellas, se estudia la entrega de pagos directos por valor de unos 3,5 billones de yenes.

Sin embargo, los ingresos fiscales adicionales por sí solos no bastarían para financiar completamente este paquete. Esto sitúa al gobierno ante un dilema: ofrecer incentivos a corto plazo para reforzar el apoyo popular o mantener el compromiso con la disciplina fiscal que ha buscado proyectar desde el inicio de la legislatura.

Japón está entre la estabilidad financiera y las demandas sociales

El primer ministro ha reiterado que descarta utilizar la emisión de deuda para financiar recortes de impuestos o nuevas ayudas. Advirtiendo, de los riesgos de deteriorar la confianza de los inversores y provocar nuevas presiones sobre el yen; que ya enfrenta volatilidad en los mercados.

Además, el Banco de Japón ha finalizado su estrategia de tasas de interés negativas. Ha situado la tasa a corto plazo en 0,5 %, lo que incrementa los costes de financiación del estado; cuya deuda supera el 250 % del PIB.

Ishiba argumenta que: «Los recortes fiscales deben ser sostenibles y financiados de forma responsable».

Se trata de un mensaje dirigido tanto a la opinión pública como a los mercados internacionales. Con el objetivo, de evitar que un mayor déficit fiscal afecte negativamente la calificación crediticia del país.

Es necesario que Japón busqué un equilibrio entre ingresos fiscales y responsabilidad

Para finalizar, vale resaltar que la previsión de ingresos fiscales récord ofrece al gobierno japonés un margen para responder a demandas sociales. Pero, también es un reto: no sacrificar la sostenibilidad fiscal a cambio de medidas populistas.

La clave estará en decidir si prioriza mantener la disciplina y contener la deuda o si opta por estímulos que mejoren el apoyo popular antes de las elecciones. En cualquier escenario, el resultado marcará el rumbo económico y político de Japón en los próximos años.

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