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En un movimiento silencioso, pero profundo, Beijing adopta inteligencia artificial y big data para redefinir la asistencia social sin recurrir a modelos occidentales ni disparar el endeudamiento.
Nueva estrategia desde lo digital
En junio, el gobierno chino publicó dos documentos clave que marcan un giro en su enfoque de bienestar social. El 3 de junio, el Consejo de Estado anunció nuevas regulaciones para compartir datos entre organismos estatales. Apenas seis días después, se emitió una directiva nacional centrada en mejorar los servicios públicos y atender «dificultades urgentes del pueblo».
La coincidencia no es menor: China apuesta a la eficiencia algorítmica para mejorar la focalización de las políticas sociales sin expandir el gasto. Esto responde a un contexto desafiante: consumo estancado, confianza débil y una población que envejece con rapidez.
El modelo chino: precisión antes que expansión
A diferencia del modelo occidental, donde el bienestar universal suele ser el objetivo, en China las ayudas deben ser estratégicas, automatizadas y discretas. Según el propio Xi Jinping, el país debe evitar caer en el «welfarismo que fomenta la pereza».
En lugar de transferencias masivas, Beijing planea usar datos interoperables para detectar, por ejemplo, caídas súbitas de ingresos o estudiantes vulnerables. Esto permitiría activar ayudas sin burocracia y con menor costo fiscal.
Casos piloto y desafíos
Algunas ciudades ya prueban esta lógica: en Gansu y Guizhou, plataformas cruzan datos de vivienda, salud y empleo para asistir a personas vulnerables. En Chongqing, sistemas de IA han detectado familias empobrecidas por gastos médicos y activado respuestas inmediatas.
Sin embargo, aún persisten problemas estructurales como la calidad de datos y la falta de marcos robustos para proteger la privacidad ciudadana. Además, el riesgo de sesgos algorítmicos es real y está poco legislado.
Un modelo singular con ambición de escala
Lo que diferencia a China no es solo la tecnología, sino la escala y la centralización con que se despliega. Esta arquitectura tecnocrática permite ejecutar políticas sociales con una precisión inédita, sin pasar por coaliciones políticas ni cámaras legislativas.
Más que crear un Estado de bienestar al estilo occidental, China está construyendo otra cosa: un Estado de bienestar algorítmico, eficiente y profundamente chino, con la mirada puesta en sostener el crecimiento, evitar la deuda y calmar el descontento social.

















