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En las montañas de Aspen, Colorado, se vivió uno de los momentos más intensos del debate cripto. Corría el año 2020, y Max Keiser explotaba en plena conferencia, enfrentando a uno de sus rivales más emblemáticos: Peter Schiff.
El video, que hoy revive gracias a un posteo de Keiser en su cuenta de X, no tiene desperdicio. No fue solo un cruce de ideas: fue una predicción emocional y frontal de lo que vendría para Bitcoin.
¡Es una nueva tecnología tan profunda como la imprenta o la bombilla eléctrica! ¡Tus hijos se preguntarán por qué su padre no vio el valor! – rugía Keiser, mientras Schiff intentaba mantener la compostura.
Peter, escéptico hasta el final, respondió con burla:
Esto es una secta. Este es un gurú. Este tipo de reacciones son las que vas a tener con los fanáticos de Bitcoin.
Pero lo que parecía un cruce mediático más, hoy cobra una dimensión diferente. El tiempo demostró que Max Keiser no estaba delirando. Bitcoin no solo sobrevivió: se consolidó como activo de reserva, como tecnología disruptiva, como símbolo de resistencia monetaria.
Hoy, mientras El Salvador avanza con su economía circular basada en BTC y figuras como Trump empiezan a pronunciar la palabra «cripto» sin miedo, ese viejo video cobra una nueva vida. No es solo historia: es advertencia y testimonio.
La visión que se adelantó a su época
Max Keiser no hablaba solo de precio. Hablaba de infraestructura digital, soberanía económica, y una ruptura con el sistema fiat tradicional. Y en ese grito pasional del 2020, quedaba claro que no era un show, era convicción.
Y mientras Schiff sigue repitiendo sus argumentos de siempre, el mercado le responde con adopción, inversión y validación.

















