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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un avance crucial en las tensas relaciones comerciales con China. Según explicó durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, ambas potencias firmaron oficialmente un acuerdo tras meses de negociaciones.
«Acabamos de firmar con China ayer», dijo Trump, sin dar más detalles. Este pacto confirma el entendimiento alcanzado semanas atrás en Ginebra y representa un paso firme hacia la estabilidad comercial entre los dos gigantes económicos.
El fin de una etapa, pero no de la incertidumbre
Aunque el acuerdo con China pone fin a una fase de confrontación, no disipa del todo la incertidumbre global. Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, declaró a Yahoo Finance que la administración probablemente extenderá la pausa de aranceles para países que negocien «de buena fe».

«No vas a hacer estallar un acuerdo que está avanzando con sinceridad y autenticidad lanzándole una bomba arancelaria», afirmó Miran.
Este comentario refleja una postura más flexible por parte del gobierno. Las señales recientes indican que Estados Unidos podría posponer el límite autoimpuesto del 9 de julio para imponer nuevos aranceles, siempre que las conversaciones con otros países mantengan buen ritmo.
Acuerdos a medio camino y amenazas latentes
Mientras se consolida el trato con China, otros acuerdos clave aún enfrentan obstáculos. Canadá y Japón, por ejemplo, negocian contrarreloj. Desde Ottawa, el gobierno de Mark Carney amenazó con subir aranceles sobre el acero y el aluminio estadounidenses a finales de julio. La presión aumenta para cerrar un pacto antes de mitad de mes.
En paralelo, Trump logró afianzar un acuerdo comercial con el Reino Unido. Sin embargo, en Europa la situación se complica. La Unión Europea ha advertido que responderá si Washington mantiene su tarifa base del 10 %. Según Bloomberg, Trump llegó a amenazar con subir esos aranceles hasta un 50 % en algunos productos europeos.
Una política comercial impredecible
Una de las mayores críticas a la estrategia de Trump ha sido su falta de coherencia. Según Bloomberg, varios países evitan firmar acuerdos por no saber si otros aranceles -como los impuestos al metal, microchips y otros materiales- seguirán vigentes.
Esta incertidumbre ha ralentizado los avances en muchos frentes. La economía estadounidense todavía intenta medir el verdadero impacto de estas tarifas. Al mismo tiempo, la Casa Blanca intenta impulsar su ambiciosa reforma fiscal en el Senado, bautizada por Trump como la «gran y hermosa» ley tributaria.
Al mismo tiempo, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reiteró esta semana que el banco central aún analiza cómo afectan los aranceles a los precios. Hasta entonces, no prevé nuevos recortes en las tasas de interés.
Conclusión: un tablero global en movimiento
La firma del acuerdo con China supone un alivio temporal, pero no garantiza una paz comercial duradera. La política arancelaria de Trump, impredecible y cambiante, mantiene en alerta a gobiernos y mercados.
Cada país intenta proteger sus intereses mientras la administración estadounidense impone su propio ritmo. Con julio como mes clave, el mundo espera si las palabras se convierten en pactos reales o si la amenaza arancelaria vuelve a escalar.

















