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Espacio patrocinadoSegún un informe de Glassnode y Avenir Group, Bitcoin muestra una fuerte correlación con indicadores de liquidez global y riesgo de crédito, consolidándose como un activo macro altamente sensible.
Bitcoin, impulsado por la liquidez
Desde 2022, Bitcoin ha evolucionado hacia un comportamiento cada vez más sincronizado con los flujos macroeconómicos. El informe conjunto de Glassnode y Avenir Group demuestra que la criptomoneda presenta una beta positiva históricamente alta frente a indicadores de liquidez global (GLI), lo que implica que se ve directamente favorecida por expansiones de liquidez monetaria.

En otras palabras, cuando las condiciones financieras son laxas -por ejemplo, cuando los bancos centrales bajan tasas o inyectan capital al sistema- Bitcoin amplifica las ganancias del mercado, actuando como un multiplicador de ese entorno favorable.
Riesgo en momentos de tensión
El estudio también revela una beta negativa significativa frente a HY OAS (High Yield Option-Adjusted Spreads), un indicador que mide el estrés en los mercados de crédito. Una beta negativa implica que cuando aumentan los spreads -lo que suele indicar deterioro en el sentimiento de mercado-, Bitcoin tiende a caer más que otros activos.
Esta doble sensibilidad -ganar más en ciclos expansivos y perder más en ciclos contractivos- lo posiciona como un activo de alta beta, comparable a acciones tecnológicas de alto crecimiento en su comportamiento, pero con un perfil aún más volátil.
El nuevo termómetro macro
Estos cambios estructurales en la relación entre Bitcoin y las variables macroeconómicas muestran que ya no puede ser considerado simplemente un activo especulativo o un refugio alternativo. Bitcoin está actuando cada vez más como un termómetro de la salud del sistema financiero global, y su desempeño puede anticipar -o amplificar- cambios en el sentimiento inversor y en la política monetaria.
La gráfica del informe muestra de forma clara cómo el beta frente a GLI supera el 5.0, mientras que el beta frente a HY OAS ha llegado a niveles negativos cercanos a -7.5, una diferencia sin precedentes que subraya su nueva función dentro del ecosistema de activos financieros.
