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Parece existir consenso entre los inversores de que ahorrar en dinero o moneda tradicional es desperdiciar la riqueza que es producto del trabajo de años. La moneda más estable, el dólar estadounidense, en el mejor de los casos pierde un 2% anual en poder de compra. Esto la saca del club de las mejores reservas de valor disponibles.
Cuando observamos las monedas locales como los pesos, bolívares, liras, colones, etc., la perspectiva empeora.
El asunto de ahorrar en monedas de bancos centrales puede ser peor si se hace en una cuenta bancaria. La realidad de que almacenar capital en estas monedas es una mala idea lleva a las personas a buscar alternativas.
Aunque las opciones no faltan, la mayoría de ellas presenta grandes riesgos. Históricamente, el oro y otros activos tangibles (físicas) son las opciones favoritas. Las acciones y los bonos también son opciones mejores que el dinero, pero son intangibles (no materiales).
El dilema de gran parte de los inversores de vieja escuela es diversificar la riqueza en distintos bienes tangibles. Estos suelen generar rendimientos aceptables, aunque generalmente bajos. En algún punto de la historia irrumpieron las viviendas, las cuales gracias a su tangibilidad se convirtieron en un activo estrella para invertir.
Hasta hace algunos años, el sector viviendas tenía pocos rivales entre las mejores reservas de valor. Pero los tiempos cambian y los activos que se hicieron fuertes gracias a su tangibilidad ahora presentan su punto débil precisamente en el hecho de ser demasiado tangibles.
El peligro de las reservas de valor tangibles
A simple vista, un lingote de oro o una vivienda se presentan como la mejor opción para preservar riqueza. Sin embargo, el mundo evoluciona hacia una etapa donde los bienes físicos quedan cada vez más expuestos a daños. La cualidad de la tangibilidad actualmente no es una garantía de que un activo sea de bajo riesgo.
Esto último queda en evidencia desde hace años con las crecientes tensiones geopolíticas en todo el mundo. Por ejemplo, en una situación de guerra, las personas desplazadas son incapaces de trasportar sus riquezas consigo. Incluso en los países estables del denominado primer mundo, también sube aceleradamente el riesgo de los activos tangibles.
El ejemplo más reciente de esto fueron los devastadores incendios en Los Ángeles, los cuales demostraron de manera trágica que la tangibilidad deja de ser una ventaja. De este modo, activos que se consideraban seguros a largo plazo como las viviendas ahora son una apuesto de riesgo.
Los desastres naturales, las tensiones políticas, el calentamiento global y otros factores pueden destruir el valor de una vivienda en días. Unas 12.000 viviendas en Los Ángeles sucumbieron ante los incendios que destruyeron el patrimonio de familias que llevaban décadas invirtiendo en sus propiedades se convierte en un llamado de atención.
Mientras tanto, el costo de la falsificación del oro continúa bajando como consecuencia del desarrollo de tecnologías que abaratan el proceso, lo que amenaza seriamente la estabilidad de su precio a largo plazo. Durante varias generaciones, estas fueron las mejores reservas de valor, pero ahora parece aproximarse su campanazo.
El Bitcoin como una alternativa sólida
Los inversores tradicionales o de vieja escuela no tardan en desechar la idea del Bitcoin antes de escuchar cualquier argumento. La osificación de los puntos de vista de estos inversores va por una línea completamente distinta a los cambios profundos de la realidad mundial.
En un mundo que tiende a la digitalización, una reserva de valor no puede ser una piedra milenaria, sino precisamente un activo digital. Por otro lado, la caída global de la tasa de natalidad señala un problema estructural profundo. Uno de los derivados de esto último es la dificultad en el acceso a la vivienda.
La caída de la demanda en el sector vivienda da paso a una tendencia decreciente del rendimiento en el sector de bienes raíces. Así, aparte del riesgo, los rendimientos del sector inmobiliario son bajos y el asunto no pinta bien en el largo plazo.
Mientras esto sucede, Bitcoin se presenta como un activo matemáticamente escaso y divisible. Cualquiera puede invertir, lo que quiere decir que su demanda es indetenible en el largo plazo y su oferta es limitada. En ese sentido, el rendimiento está garantizado.
Ciertamente, la volatilidad se mantienen como un factor de riesgo en el corto plazo. No obstante, eso se compensa con el nivel de seguridad. Ningún desastre natural, incendio, inundación, guerra o gobierno puede destruir la riqueza de una persona almacenada en Bitcoin.
