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La administración de Biden ha lanzado una nueva investigación comercial sobre semiconductores chinos de tecnología «legacy».
Este movimiento busca imponer más aranceles a los chips que alimentan productos como automóviles, lavadoras y equipos de telecomunicaciones.
La investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 se presenta como una medida estratégica para proteger la industria tecnológica estadounidense y mitigar la influencia de China en este sector clave.
Un legado problemático: el objetivo de los chips chinos
Los semiconductores «legacy» utilizan procesos de fabricación maduros y son esenciales en productos de consumo masivo. No obstante, su baja sofisticación no resta importancia a su impacto en la economía global. Según Katherine Tai, representante comercial de EE. UU., China ha construido una capacidad industrial masiva para dominar este segmento, utilizando subsidios estatales que distorsionan el mercado global.

Estos chips, aunque menos avanzados que los usados en inteligencia artificial o microprocesadores sofisticados, tienen aplicaciones críticas. Se encuentran en industrias como la automotriz, dispositivos médicos y telecomunicaciones.
Esta capacidad de China para producir chips a bajo costo amenaza con desplazar a competidores orientados al mercado.
Un plan heredado por Trump
La investigación, iniciada semanas antes de que Donald Trump asuma nuevamente un rol en la política, ofrece un punto de continuidad estratégica. Trump podría usar los hallazgos de esta investigación para imponer aranceles del 60% sobre los semiconductores chinos. Esta medida sigue el camino de las políticas arancelarias de su primera administración, que generaron una guerra comercial prolongada con Beijing.
Joe Biden, en tanto, ya había establecido un arancel del 50% sobre los semiconductores chinos que comenzará a aplicarse el 1 de enero. Además, su gobierno endureció las restricciones sobre la exportación de chips avanzados y equipos de fabricación de semiconductores hacia China.
El alcance de esta investigación no se limita a los semiconductores como productos individuales. También analizará su incorporación en componentes derivados y bienes finales en sectores críticos. Entre ellos destacan las industrias de defensa, automotriz y de dispositivos médicos.
Además, el gobierno estadounidense está evaluando la producción china de sustratos y obleas de carburo de silicio, fundamentales para la fabricación de semiconductores. Este análisis pretende determinar cómo estas prácticas afectan la competitividad global y desincentivan la inversión en otros países.
Alarmante dependencia tecnológica
La secretaria de Comercio de EE. UU., Gina Raimondo, reveló datos preocupantes sobre el mercado actual. Dos tercios de los productos estadounidenses que contienen semiconductores utilizan chips chinos de tecnología «legacy». Más alarmante aún, la mitad de las empresas estadounidenses no conoce el origen de estos componentes, incluso en sectores sensibles como la defensa.
La pandemia de COVID-19 evidenció las vulnerabilidades de las cadenas de suministro globales. La interrupción en la producción de semiconductores afectó industrias clave como la automotriz y la de equipos médicos. Ante esta situación, EE. UU. ha destinado $52.700 millones para fortalecer su capacidad de producción, investigación y desarrollo en este sector estratégico.
China: un gigante que preocupa
China planea construir más del 60% de la capacidad global de chips «legacy» en la próxima década.
Este ambicioso proyecto ha generado preocupaciones en Washington, ya que puede desalentar la inversión en otros países. Según Raimondo, estas prácticas constituyen una competencia desleal y ponen en peligro la independencia tecnológica de Estados Unidos.
«La dependencia de China para obtener chips que usamos diariamente en innumerables productos debilita nuestra seguridad económica y tecnológica», afirmó Raimondo.
Un frente comercial continuo
Aunque Biden y Trump han protagonizado una campaña electoral tensa, ambos coinciden en mantener políticas firmes hacia China.
Biden ha mantenido los aranceles impuestos por Trump, e incluso los ha incrementado en áreas clave como los vehículos eléctricos chinos, con el objetivo de proteger el mercado estadounidense.
La nueva investigación bajo la Sección 301 podría marcar un hito en la política comercial de EE. UU. y definir el futuro de su industria tecnológica. Mientras tanto, el país busca reforzar su posición en un mercado cada vez más competitivo y estratégico.

















