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La advertencia realizada en 2021 por Sebastian Kurz, excanciller de Austria, sobre la posibilidad de un apagón energético en su país y a gran escala en el continente europeo, ha resonado con fuerza en un contexto marcado por la crisis energética global y la creciente dependencia de fuentes de energía externas.

La sombra del apagón se cierne sobre Europa

Si bien la idea de un apagón generalizado puede parecer sacada de una película de ciencia ficción, la realidad es que los expertos consideran este riesgo como algo más que una mera posibilidad.

Inquiramos los siguientes puntos:

¿Un escenario no tan lejano?

Un informe del 2021 elaborado por la ministra de Defensa austriaca, Klaudia Tanner, señalaba el «gran apagón» como una de las principales amenazas sistémicas para el país.

La vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica y la necesidad de prepararse para emergencias energéticas fueron aspectos destacados en dicho informe.

Austria no está sola en esta situación

Preocupaciones similares se han expresado en otros países del continente, como España, donde la Red Eléctrica ha advertido del riesgo significativo de apagones que podría enfrentar el país hasta el 2030, especialmente si se cierran plantas de energía de ciclo combinado y no se implementan suficientes soluciones de almacenamiento.

¿Qué se está haciendo para evitarlo?

Ante la amenaza latente, los gobiernos europeos han tomado medidas para prepararse.

En Austria, se han llevado a cabo campañas de concienciación pública para educar a los ciudadanos sobre cómo prepararse para un posible corte de energía. Además, se ha invertido en la modernización de la red eléctrica y se ha fomentado la colaboración con otros países europeos para desarrollar protocolos conjuntos de gestión de apagones.

En España, se ha establecido un protocolo de crisis para enfrentar un posible «gran apagón» a nivel nacional. Este protocolo incluye la colaboración con Portugal y Francia para la reactivación del sistema eléctrico, la movilización de las fuerzas de seguridad y planes para un rápido restablecimiento del suministro.

Más allá de las medidas gubernamentales: ¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

La concienciación ciudadana y la preparación individual son fundamentales para afrontar un posible apagón.

  • Informarnos: Es importante estar al día sobre los riesgos y las medidas de preparación recomendadas por las autoridades locales y nacionales.
  • Preparar un kit de emergencia: Este kit debe incluir alimentos no perecederos, agua potable, medicamentos esenciales, linternas, radio a pilas y otros artículos de primera necesidad.
  • Asegurar el suministro de energía alternativo: Considerar la adquisición de generadores portátiles o paneles solares para garantizar el acceso a electricidad en caso de un corte prolongado.
  • Establecer un plan de comunicación: Definir un punto de encuentro con familiares y amigos en caso de que las comunicaciones se vean afectadas.
  • Fomentar la solidaridad y la colaboración comunitaria: Ayudar a los vecinos, especialmente a los más vulnerables, durante un apagón puede ser crucial.

Un futuro incierto

Si bien la implementación de medidas preventivas y la preparación individual pueden reducir el impacto de un posible apagón, la incertidumbre sobre el futuro energético de Europa sigue presente.

La transición hacia energías renovables, si bien es necesaria para combatir el cambio climático, presenta desafíos que podrían aumentar el riesgo de apagones. La dependencia de fuentes intermitentes como la energía solar y eólica, junto con la necesidad de una mayor capacidad de almacenamiento, son algunos de los obstáculos a superar.

¿Qué ocurriría si se produjera el «Gran Apagón»?

Un gran apagón energético, que podría afectar a múltiples sectores como instituciones, sanidad, comunicaciones, finanzas y la sociedad en general, tendría consecuencias significativas. A continuación se detallan los posibles impactos en diferentes áreas:

Instituciones y Gobierno

Un apagón prolongado podría paralizar las operaciones gubernamentales. Las instituciones dependen de la electricidad para funcionar, lo que incluye desde servicios esenciales hasta la administración pública. La falta de energía podría interrumpir la comunicación entre agencias y dificultar la respuesta a emergencias.

Sanidad

El sector de la salud se vería gravemente afectado. Los hospitales y clínicas requieren energía para operar equipos médicos vitales como respiradores y sistemas de refrigeración para medicamentos. Sin electricidad, los procedimientos quirúrgicos y el cuidado de pacientes críticos se verían comprometidos, lo que podría resultar en un aumento de la mortalidad.

Comunicaciones

Las redes de comunicación, incluidas las telecomunicaciones y el Internet, sufrirían interrupciones. Esto limitaría la capacidad de las personas para comunicarse y acceder a información vital, lo que podría generar pánico y desinformación en la población.

Finanzas

El sistema financiero moderno depende en gran medida de la electricidad. Un apagón podría cerrar bancos y cajeros automáticos, dificultando el acceso a fondos. Las transacciones electrónicas, incluidas las criptomonedas, también se verían afectadas, ya que requieren una infraestructura de red activa para funcionar: especialmente por su sistema de minería.

Esto podría resultar en pérdidas económicas significativas y desconfianza en los sistemas financieros.

Sociedad en General

La vida cotidiana se vería alterada. La falta de electricidad afectaría el suministro de agua, la calefacción y la refrigeración, lo que podría llevar a problemas de salud pública. Además, la escasez de alimentos podría aumentar debido a la incapacidad de conservar productos perecederos.

La seguridad también sería un problema, ya que la falta de iluminación y comunicación podría facilitar el aumento de delitos y disturbios sociales.

Conclusión

La posibilidad de un apagón energético a gran escala en Europa es una realidad que no podemos ignorar. La preparación, la colaboración y la inversión en infraestructuras resilientes son claves para mitigar este riesgo y garantizar la seguridad energética del continente.

¿Distópico? Tal vez no tanto. Casi se llegó al apagón: España estuvo cerca de un apagón una noche de mayo de este mismo año, cuando la Red Eléctrica interrumpió el suministro eléctrico a la gran industria para equilibrar el sistema. Se desconectaron 609 MW, que corresponde a la capacidad máxima del Sistema de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), para asegurar el suministro a los hogares.

Un futuro sin energía no es una opción. Es necesario trabajar juntos para construir un futuro energético sostenible y seguro para Europa, uno que nos permita afrontar los desafíos del presente sin poner en riesgo nuestro bienestar ni nuestro porvenir.

A saber qué ocurrirá, el tiempo nos lo dirá. Pero quizá deberíamos recordar las palabras de la ministra de Defensa austriaca, Klaudia Tanner, que dijo en 2021 sobre este tema: «un riesgo realista y al mismo tiempo subestimado».

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