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Monica Long, presidenta de Ripple, apareció recientemente en una serie especial en el New York Time sobre «¿Qué (y por qué) compraremos en 2024?». En esta oportunidad, Long partió del eje central de que «Las estructuras financieras actuales son demasiado lentas para respaldar el crecimiento comercial global». De esta manera resaltó el potencial que pueden tener las criptomonedas en el cambio de las finanzas y en la economía mundial.
Monica Long mencionó que el año pasado se pudo visualizar en informes del Fondo Monetario Internacional y el Consejo de Estabilidad Financiera que «citaban específicamente la criptoización de las economías en desarrollo». En las cuales, de hecho, estuvieron presentes dos factores peculiares, la inestabilidad macroeconómica y los frágiles controles de inflación. Que fueron el puntapié para que las personas comenzaran a mostrar mayor preferencia por las criptomonedas que por sus monedas locales.
En suma, Long dijo que en Argentina, Zimbabwe y en Nigeria, las criptomonedas y stablecoins se están volviendo una opción común entre los habitantes. Especialmente aquellas que están respaldadas por el dólar estadounidense. Esto con el fin de no ser víctimas de la volatilidad de sus monedas locales y así poder ahorrar y realizar las compras cotidianas.
Monica Long y la transformación digital de la infraestructura financiera
La presidenta de Ripple, asegura que la tendencia a la adopción de criptomonedas se da porque «nuestra infraestructura financiera actual está demasiado fracturada, es lenta y costosa para atender el creciente comercio global».
Asimismo, considera que, actualmente, las empresas emergentes operan de forma virtual y tienen alcance global desde un inicio. Con el crecimiento de las tecnologías de criptomonedas y blockchain, «está claro que nuestras vías financieras pueden y serán nativas de Internet». Lo cual va a colaborar a que se dé una «mayor accesibilidad y asequibilidad a los servicios financieros para todos».
Monica Long también expresó que «La gente no puede mantener su fe en un sistema financiero que depende de sistemas construidos hace décadas para mover dinero, y eso limita la competencia solo a unas pocas de las instituciones más grandes del mundo». Para ella, la transición continua de lo analógico a lo digital en la infraestructura financiera va a cambiar de forma irreversible el cómo se lleve a cabo el comercio.

















